NOTA: ESTE TEXTO HA SIDO MODIFICADO AL ORIGINAL DEL AUTOR, SE HAN TOMADO SÓLO UNOS EXTRACTOS DE LA INVESTIGACIÓN DEL DR. HERNANDEZ ZAMORA.
IDENTIDAD Y PROCESO DE IDENTIFICACIÓNGregorio Hernández Zamora *En este trabajo se entenderá por identidad del sujeto el conjunto de posiciones de sujeto articuladas en torno a un núcleo o polo específico que funciona como “punto nodal”, como eje articulador del sistema (Laclau, 1987; Buenfil, 1991).
Es necesario hacer aquí una distinción. Una cosa es ocupar una posición en el espacio social (propietario, no propietario, productor, consumidor, intelectual, manual, educador, educando, artista, artesano, etc., dependiendo de la dimensión teórica o disciplinaria desde donde se construya el espacio social1) y otra tener una identidad social. Por ejemplo, uno puede ocupar, en el espacio económico, la posición de “proletario”2 y sin embargo, no concebirse como tal sino como “trabajador responsable”, es decir identificarse con el discurso de la cooperación de clases. Aquí diría Bourdieu: la posición (ocupada en el espacio social) confiere o transfiere al agente sus propiedades (sus modos de pensar, percibir y actuar), cabría hablar entonces de “identidad de la posición”, no del sujeto... pero lo que en esta investigación interesa es cómo ciertos sujetos, que ocupan cierta posición en ese espacio, construyen-conciben su identidad (en ciertos polos).
En sentido estricto no se podría hablar de una “identidad del sujeto”, sino de un sistema articulado de múltiples polos de identidad (racial, de clase, de género, de profesión, de nacionalidad, etc.) asociados a un mismo significante, a un mismo individuo. Cada uno de estos polos es construido por el sujeto, en su contenido concreto, mediante múltiples procesos de identificación respecto a discursos sociales que constituyen el deber ser “legítimo” de cada polo (“ser artista”, “ser mujer”, “ser joven”, etc.). La “identidad del artista” (o de la mujer, etc.) no son, en esta perspectiva, sino recortes hechos por el investigador con fines analíticos, recortes que buscan dar cuenta de uno de los polos de identidad de un sujeto “múltiple”.
La identidad del sujeto se va configurando desde el nacimiento y se va haciendo múltiple (como estudiante, como obrero, como madre, como profesionista, como amigo, etc.; es decir como sujeto de relaciones de parentesco, de educación, de producción, de amistad, etc.) en tanto múltiples elementos del orden social se van incorporando como puntos de referencia para el sujeto, como polos de identidad (Buenfil, 1991).
De aquí que la identidad del sujeto tenga las características de ser múltiple (formada por múltiples polos de identidad, articulados en torno a un núcleo variable), precaria (siempre incompleta, porque siempre hay carencias que demandan ser llenadas. Nunca se podría decir que un sujeto ha alcanzado la “completud”, la estabilidad “final”) y abierta (susceptible de ser modificada, de aceptar nuevos polos o de reestructurarse por diversas causas).
En suma, concebimos la identidad del sujeto como un sistema abierto, esto es, como una estructura que si bien funciona con cierta regularidad-estabilidad por periodos, no es cerrado ni “acabado”, sino que se trata de un sistema “vivo”, en continua interacción con el medio y, por tanto, susceptible de ser transformado3.
Para explicar lo anterior pongamos un ejemplo. Un sujeto X es, al mismo tiempo, madre, maestra, pobre, esposa, mexicana, mujer, ciudadana, joven, mestiza, estudiante, latinoamericana, etc., etc., sin embargo:
a) Para ella no tienen el mismo peso, o sea la misma jerarquía, cada uno de esos polos. Esto es, no se percibe a sí misma con igual intensidad como madre que como latinoamericana, ni como esposa que como mestiza, y sin embargo bien podría ser una persona “estable”, “equilibrada”. Unos polos de identidad son muy intensos, esto es articulan y dan estabilidad a los demás, y otros son muy “difusos”, apenas percibidos (por ejemplo, aunque ella podría decir que es latinoamericana este polo de identidad le tiene sin cuidado y sólo emergería a su conciencia si se le preguntara explícitamente por él, o si, por ejemplo, EU invadiera varios países del subcontinente...). Esto supone la presencia de un o unos polos que funcionan como puntos nodales que sobredeterminan a los demás, esto es, el o los polos de identidad que, por un lado, desplazan su significación hacia los otros y, por otro, como el polo en el cual se condensa la significación de los demás. Es el polo que determina la estabilidad o “equilibrio” en el sujeto y que le permite percibirse a sí mismo como un ser “completo”, “único”, “íntegro”, en suma, como un sujeto con una identidad (“yo soy yo”, “soy Juan Pérez”, “soy un maestro”, etc.).
b) El polo sobredeterminador no está definido de antemano. No puede fijarse la profesión o la nacionalidad (por ejemplo) como los polos “importantes”, si bien diversos agentes e instituciones sociales tratan de fijar uno (p. ej. para la escuela los sujetos son, ante todo “estudiantes” o “educandos” y en función de ello deben subordinar sus otros polos; p. ej. para el gobierno de Calderón los sujetos son, ante todo, mexicanos y en función de “los intereses de México” deben subordinar los otros; p. ej. en el sentido común cuando alguien pregunta ¿quién es fulano? se suele contestar identificando al fulano con su polo profesional: “es un maestro”, “es doctor”, etc.).
c) El polo o núcleo articulador del sistema no es fijo (Ella puede ser ante todo “joven” en una etapa y “madre” en otra, etc.). El sujeto es un sistema abierto a la incorporación de nuevos polos de identidad (de aquí la posibilidad de éxito de la acción educativa, o de la acción política).
d) Cada uno de sus polos es susceptible de ser constituido de diversas formas, a partir de la adopción o construcción de un cierto modelo de identidad. Circulan en la sociedad discursos que proponen identidades diferentes e incluso opuestas para un mismo polo (p. ej. para el polo de clase o de género…).
e) Por medio de interpelaciones diversas ella puede ser constituida con identidades nuevas, no contempladas o irrelevantes anteriormente (p. ej. puede ser interpelada como “camarada” o como “compañera colona” por un partido político; o como “hermana” por una secta religiosa, etc.). Pero, para que la interpelación tenga más probabilidades de éxito, es decir para que el interpelado se reconozca en ese modelo de identidad y lo acepte como “su” identidad es necesario que ésta —la interpelación— se efectúe en un momento de crisis o de transformación (por ejemplo).
La identidad del sujeto debe entenderse entonces como un permanente esfuerzo de “completamiento” de alcanzar la plenitud, de “ser uno mismo”. La paradoja consiste en que este “ser uno mismo” sólo es posible mediante la alienación del sujeto en un otro del cual se busca el reconocimiento y en el cual, sólo después de una serie de identificaciones, “nos reconocemos”:
«En definitiva, toda acción humana, incluso la más altruista, depende en su fundamento de una demanda de reconocimiento por el otro, de un anhelo de reconocerse a sí mismo en una forma noble...» (Rifflet-Lemaire, 1976:291).
Lograr una identidad “propia” es equivalente a lograr el reconocimiento del otro mediante la fijación del sujeto a una posición en el orden simbólico, pero se trata de un reconocimiento que aparece —para el propio sujeto— como el logro de “su” identidad, como el haber alcanzado “su propia” personalidad, su “propia” manera de ser, como si esta estuviese predestinada.
“Ser uno mismo”, es decir tener una identidad “propia” en el espacio social, es siempre una ilusión de completud que surge tras múltiples procesos de identificación cuya dinámica es explicada por Lacan mediante su famosa “triada” o modelo conceptual de lo imaginario, lo simbólico y lo real.
Estas nociones se refieren a los tres tipos de registros que conforman la realidad psíquica de los sujetos y que funcionan como momentos o instancias en la estructuración de su identidad. En seguida se describe el significado que Lacan da a estas nociones (Lacan, 1983; Buenfil, 1988).
Lo imaginario es un principio de unidad e ilusión de completud en el sujeto que se produce sólo en el nivel imaginario, esto es, en su imaginación. Es una promesa de completud para sí (“no me falta nada, sé donde estoy”). Está regido por el principio del placer (lo que tú quisieras ser). Todo imaginario parte de una carencia, de una situación de desorganización que necesita ser superada (para alcanzar la estabilidad, el equilibrio, el orden) y constituye una anticipación de organización ideal. Responde a un principio de organización sin el cual la identidad sería un caos, una suma de polos de identidad. Así, hay una correlación entre carencia (deseo pre-simbólico) y anticipación (lo imaginario). Desde el punto de vista dinámico lo imaginario es el elemento restaurador del orden desarticulado por lo real. Funciona como horizonte de nueva estabilidad tras procesos de desequilibrio o “crisis de identidad”.
Lo simbólico es el sistema de regularidades sociales, la realidad social establecida, sedimentada y fijada en sistemas y prácticas simbólicas (lenguaje, instituciones, rituales, sistemas clasificatorios, normas, horarios, reglamentaciones, etc.) es decir reconocida socialmente como lo “legítimo”, como el orden social que debe ser acatado (o rechazado) pero que no puede ser ignorado, es lo que Berger y Luckmann (1979) llaman justamente la realidad socialmente construida. Es, en suma, la realidad a la cual los sujetos se adaptan y de la cual aceptan o rechazan sus mandatos. En su aspecto dinámico es el momento de estabilidad.
Lo real en Lacan no se refiere a la empiricidad del mundo externo (Buenfil, 1988:14). Lo real es, por un lado, un elemento (un hecho, un acontecimiento, un proceso, una situación interna o externa al sujeto) que irrumpe y desarticula un orden dado. Pero, por otro lado, también puede entenderse como un momento de caos, como una situación de desorden o desequilibrio producida por la presencia de un elemento incomprensible. Lo real es el momento de irrupción ininteligible de un elemento perturbador o desarticulador del sistema, del orden establecido, de la realidad. Desde el punto de vista de la constitución del sujeto lo real es la carencia (lack) que debe ser “llenada” por el imaginario4.
IDENTIFICACIÓN
Por identificación se entiende en este trabajo el proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste… (Laplanche y Pontalis, 1983:184) o, en términos de Lacan: “la transformación producida en el sujeto cuando asume una imagen...” (Lacan, 1983:87)
Para explicar esta definición anotaré algunos de los sentidos que se le dan al término de identificación en el lenguaje común:
— Por un lado, se entiende identificación como sinónimo de reconocimiento. Se dice que alguien se identifica con otro o con algo porque “se reconoce” en ese otro, porque encuentra un cierto nivel de semejanza con él (“soy como él” o “es como yo”);
— También se habla de identificación en el sentido de “identificarse con”, es decir en el sentido de simpatizar con (un ideal, una persona, un acto, etc.).
En estos usos populares del término están implícitas al menos dos ideas erróneas:
— Nos identificamos sólo con aquello que nos es agradable a nosotros, generalmente porque “se parece a mí”, porque “yo soy así”;
— Nos identificamos con aquello que satisface “nuestro modo de ser”.
En suma, se sostiene la idea de que la identificación tiene como fuente y punto de partida al sujeto, al individuo dotado de sus “propios” gustos, deseos, etc.
La noción de identificación que aquí adoptamos (Lacan, 1983; Žižek, 1989; Freud...) cuestiona estas ideas y sostiene que:
— En toda identificación el punto de partida no es el individuo con sus preferencias sino el orden simbólico con sus modelos sociales legítimos (nobles, admirables, buenos, bellos, justos, etc.), modelos que pueden ser ideales (políticos, religiosos, etc.), roles sociales (profesionista, empresario, artista, etc.), y que han sido incorporados por los sujetos dentro de una sociedad dada.
— Nos identificamos no sólo con rasgos o modelos que nos son “simpáticos”, que nos fascinan por su “belleza”, “perfección”, etc., sino también con modelos que evocan o en los cuales reconocemos nuestra(s) carencia(s) o debilidad(es). Esto último significa un cuestionamiento a la noción de sentido común según la cual la identificación se produce por las “semejanzas” entre el sujeto y su modelo; el psicoanálisis ha demostrado que también hay identificación con modelos o rasgos en los que no hay nivel de semejanza. Como ejemplos elocuentes de lo anterior tenemos, por un lado la identificación racial entre miembros de grupos étnicos diferentes (jóvenes de origen étnico indígena o mestizo que se identifican con “estrellas” en su mayoría de raza blanca) y, por otro lado, una identificación política entre miembros de clases sociales no sólo diferentes sino incluso “antagónicas” desde el punto de vista teórico (trabajadores asalariados que se identifican y votan por —o incluso militan en— los partidos que instrumentan políticas económicas contrarias a sus intereses de clase).
— La interpelación (proposición de un modelo de identidad) no se da “tablas rasas” sino sobre sujetos ya constituidos (por y en otros discursos) por lo que se da la posibilidad de ser rechazada, aceptada o transformada. La identificación no se da, además, con el modelo “completo” sino con un o unos rasgos, el rasgo que significa tu carencia.
Para conocer cómo se llega a una identidad, vista como un resultado de múltiples identificaciones, es necesario comprender el proceso de identificación, el camino por medio del cual el sujeto toma sobre sí o le es conferido un mandato o misión del orden simbólico.
INTERPELACIÓN
La noción de interpelación alude al conjunto de prácticas ideológicas de proposición de modelos de identidad (Buenfil, 1985 y 1986).
Esta noción fue utilizada fundamentalmente por Althusser para dar cuenta de las prácticas ideológicas que, desde diversas agencias sociales (llamadas “Aparatos Ideológicos del Estado” por este autor) constituyen a los individuos en sujetos sociales al insertarlos en un campo socio-simbólico determinado.
El acto de la interpelación, sin embargo, no basta para constituir a los sujetos. La constitución del sujeto sólo se da cuando el individuo se reconoce en la interpelación, esto es, cuando la interpelación es exitosa. De este modo, Althusser afirma el carácter activo del sujeto, al negar que el sujeto se constituya por su mera inserción en una estructura formal de relaciones (por ejemplo inscribirse en una escuela o afiliarse a un partido o nacer en un país), rechaza que el sujeto sea un ser pasivo, pues tiene la posibilidad de reconocerse o desconocerse en una interpelación, de aceptarla, rechazarla o modificarla. Es decir, no basta con que la interpelación sea emitida, hace falta el reconocimiento del individuo en esa interpelación para constituirlo en sujeto (Buenfil, 1986:29).
La interpelación es una práctica cotidiana en diversos espacios de la vida social. En política es fundamental como medio (discursivo) para constituir o articular sujetos políticos al interpelar individuos diversos como idénticos o equivalentes (“camaradas”, “mexicanos”, “compañeros”, “pueblo mexicano”, etc.) al aludir, como si fuera el fundamental, a un cierto polo de identidad; en educación es común la interpelación como medio para marcar las distinciones básicas de la “práctica educativa”: “educador”-“educando”, “alumno”-“maestro”, “autoridades”-“subordinados”, etc. Todo proceso educativo supone la interpelación del individuo como “alumno”, “aprendiz”, “ignorante”, etc. En otros ámbitos, por ejemplo en la vida cotidiana familiar, las interpelaciones constituyen y refrendan constantemente relaciones de parentesco...
PROCESOS DE INTERPELACIÓN-IDENTIFICACIÓN
Modalidades
La noción de interpelación fue enunciada por Althusser pero este autor no la desarrolló en términos más específicos, por ejemplo de modalidades, efectos, tópicas, etc. Sin embargo es posible hacer algunas distinciones elementales sobre las modalidades de interpelación.
Lingüísticas-no lingüísticas
En primer lugar cabe hacer una distinción entre interpelación lingüística e interpelación no lingüística. Es posible afirmar que las prácticas de interpelación no son sólo lingüísticas, también pueden funcionar como interpelaciones diversas prácticas sociales (no verbales) que dentro de un juego de lenguaje se constituyen o funcionan como hechos-soportes de significación, y que pueden ser considerados como interpelaciones. Se incluyen en esta categoría toda clase de acciones (gestos, ademanes, actos, rituales, etc.), objetos (emblemas, vestimenta, mercancías, etc.), imágenes, ademanes, señas, símbolos, etc.
Lingüísticas
— Interpelación oral o escrita (verbal).
No lingüísticas
— Un objeto (real o representado en una imagen). P. ej. si en una clase el maestro de pronto se dirige al escritorio, toma una vara y la enseña, agitándola, a un alumno (“niño, pórtate bien o ya verás”);
— Una acción
— Una imagen;
— Una disposición arquitectónico-funcional: la forma en que están organizados los objetos en el salón de clases (escritorio sobre una tarima, sillas clavadas al piso mirando al frente, etc.).
Mixtas
— Tras una ceremonia de consumación (un examen profesional, etc.) una madre se dirige a su hijo y simplemente le dice “aprende”;
— Una secuencia de imágenes (fotográficas, fílmicas, televisivas, etc.) mostrando “artesanías”, atuendos y comidas “típicos”, “modernos edificios”, rostros “alegres”, etc., a la cual se adjunta el texto (oral o escrito): “Esto es México, tu país”;
— Una secuencia de imágenes mostrando “el ser” y “las actividades” “de los jóvenes” (la introducción de Muchachitas).
Directas-indirectas (explícitas-implícitas)
Para que un hecho con significación (verbalización, objeto, acto) pueda ser considerado como interpelación no es imprescindible que sea formulado en forma directa o “pura”. La forma “pura” de interpelación sería aquella en que tanto la designación como el mandato son claros y explícitos, en términos lacanianos, aquella en la que la demanda del otro es explícita. La interpelación directa y explícita es aquella que socialmente ha llegado a ser reconocida y formalizada como tal, por lo que, en muchos casos, ha sido fijada en rituales y prácticas diversas. Por ejemplo:
— Una orden o recomendación paternal: “hijo, vé por las tortillas...”; “los hombres, como tú, no deben llorar...”;
— Un acto político: “Compañeros: hoy debemos organizarnos y luchar por...”; “Mexicanos: Por voluntad y necesidad propias debemos avanzar hacia el cambio. Porque la modernización de México es indispensable para...”16;
— Una clase escolar: “Niños: pongan atención, uno no debe faltarle el respeto a sus mayores...”; “para llegar a ser buen ciudadano es necesario, primero, conocer los símbolos patrios...”;
— Una consigna política: “¡Proletarios de todos los países, Uníos!”; “Maestro conciente, no se rinde ni se vende...”;
— Un anuncio comercial: “Señora, ¿su marido está por llegar y usted aún está en tubos?, él quiere acción... corra a Videocentro...”; “¡Hey, usted! ¿tiene problemas con el casero? no lo piense más venga con nosotros...”;
— Un sermón de iglesia: “Hermanos: hoy debemos arrodillarnos ante el Señor...”;
— Un simple llamado: “¡Hey tú, sí tú! Ven...”; “Oiga, ¿me da su hora por favor?”; “¡Doctor!”, “Maestro”, etc.;
— Un nombre propio, la más cotidiana y simple de las interpelaciones: “Emilia”, “Pepita”, “Susana”.
Como ejemplos de interpelaciones indirectas, implícitas o no formalizadas como tales pueden citarse:
Verbales
— Una canción: “Quiero traer el pelo suelto...”;
— Una “pedrada”: “Cómo hay gente tan babosa”; “qué suerte tienen los que no se bañan...”; “uno no debe meterse en los asuntos de los otros...” (se dice en el lenguaje popular que a la persona que acepta [responde a] esta interpelación “le quedó el traje”);
— Una afirmación pública: “Constituimos una gran nación. Mostrémosla, con orgullo, ante el mundo”; “Construir un país no es hazaña de un sólo golpe de heroísmo; es tarea cotidiana, tarea repetida de hombres y mujeres...” 17;
— Un refrán: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”;
— Un programa de televisión: una telenovela, un programa “cómico-musical”, un “videoclip”, un noticiero, etc. pueden ser leídos como interpelaciones (complejas) en tanto sus diversos elementos se articulan en torno a un modelo de identificación específico y se dirigen a un “auditorio”.
No verbales
— Un ademán: alzar la mano para que se pare el autobús; una seña obscena dirigida al maestro;
— Un gesto: una mirada lasciva dirigida al compañero(a) de banca; parar la boca cuando llega la suegra;
— Un acto: el acto de un árbitro de fútbol de sacar y enseñar una tarjeta roja; una caricia indebida; dejar caer el pañuelo para que el otro “se fije” en ella; desnudarse en pleno Palacio Legislativo.
Como se puede ver, la condición para que un acto no verbal (o verbal pero no formulado directamente como interpelación) sea reconocido como tal y asumido o rechazado por el destinatario, es necesario que dicho acto se inscriba en un juego de lenguaje (discurso, sistema de significación, etc.) dentro del cual adquiera ese sentido. Actos como “sacar la tarjeta roja” o “hacer una seña obscena” no son en sí (positivamente) interpelaciones, pero si ocurren en el contexto adecuado (juego de lenguaje) pueden funcionar y ser interpretados como interpelaciones por sus destinatarios.
Simples-complejas
Se podría abrir también otra clasificación entre interpelaciones simples y complejas. Por ejemplo, una frase del maestro (¡Chamaco, ya le dije que se calle!) o una consigna política (“Mexicanos, todos a votar”) sería una interpelación simple; pero también podría leerse una clase completa del profesor como una interpelación compleja. Igualmente se podría decir de un discurso político. Una frase sería una interpelación simple, pero todo el discurso podría entenderse como una interpelación más compleja. Lo mismo vale para otra clase de géneros (narrativos, informativos, etc.), por ejemplo todo el argumento de una narración (novela, telenovela, película, serie, etc.) puede asumirse como una interpelación, pero también algún fragmento del mismo (una frase, una imagen, una secuencia...).
Alusivas a un rasgo ya constituido-constituyentes de identidad
Eficacia
La interpelación no se da sobre tablas rasas sino sobre sujetos ya constituidos, previamente interpelados por diversas configuraciones sociales (familia, comunidad, etnia, género, nación, etc.), por lo que se dan varias posibilidades:
a) Asumirla incondicionalmente.- Por ejemplo los niños que en la escuela aceptan su estatus de “alumnos” y las reglas, de autoridad, subordinación, etc., que éste impone; otro ej.: la identidad de “ciudadanos-gobernados” que la mayoría de las personas aceptan; otro: la identidad de “partido legal” que la mayoría de los partidos políticos aceptaron tras las reformas políticas de los 70’s en México, constituyéndose en “partidos con registro” con nuevos “derechos y obligaciones”.
b) Asumirla modificándola.- Estudiantes universitarios, que aceptan su estatus de “alumnos”, con las “obligaciones” que ésta conlleva, pero reclamando participación en el gobierno o en los asuntos que en el modelo tradicional estaban reservados para los “portadores del saber” —maestros— o para las autoridades escolares.
c) Rechazarla (Interpelación fallida).- Por ejemplo cuando un testigo de Jehová toca a la puerta y nos llama “hermano”, invitándonos a leer la Biblia. Generalmente (en el caso de los ateos o de quienes ya se adscriben a otros grupos religiosos) no se discute con esa persona, simplemente se le rechaza, se le “niega el acceso” (físico e ideológico). Lo mismo ocurre cuando alguien quiere convencer a otro de que se afilie a un partido político, etc. Lacan plantea la pregunta “¿Che vuoi?” (¿Qué quiere?, ¿Qué es lo que realmente quiere el otro?) Como el punto que marca la imposibilidad de identificación. Preguntarse “¿Qué es lo que realmente quiere?” ante una interpelación significa poner en duda las intenciones del otro, su autoridad, su legitimidad, etc. Implica, por lo tanto, el punto a partir del cual una interpelación puede ser rechazada, el punto a partir del cual toda posible identificación es bloqueada.
Cabe señalar aquí que existen un conjunto de condiciones (sociales, culturales, materiales) que funcionan como mediadoras entre la interpelación y los sujetos. Es decir, estas condiciones no determinan pero sí “reticulan” las interpelaciones. “Reticular” significa aquí resignificarlas, “cruzarlas” con el propio deseo del sujeto, asociarle a ese significante que interpela un significado “propio”.
Por otro lado se debe tener claro que si bien existen interpelaciones que no pueden ser traducidas en una acción material concreta, es decir que no pueden ser asumidas positivamente por el sujeto destinatario debido a sus limitaciones materiales (además de las éticas, culturales, políticas, etc., que hemos considerado antes), esto no significa que la interpelación sea necesariamente fallida. Aunque las características empíricas (físicas, económico-materiales, etc.) de un sujeto determinado lo separen (en el sentido de segregar) de otros, su identificación imaginaria con ellos lo vuelve a reunir. Es decir, aunque el sujeto no puede sí desea y, por lo tanto, recurre a prácticas simbólicas para sustituir lo que en el nivel empírico (económico, material, etc.) le es negado: prácticas culturales de uso y consumo simbólico (Cf. Bourdieu).
De esta forma es perfectamente posible, y de hecho así ocurre constantemente, la identificación entre sujetos de razas o clases sociales diferentes.
La fantasía constituye al deseo en un objeto, o sea constituye el objeto de deseo.
notas:
1 El espacio social (o estructuras sociales) no debe entenderse como una entidad empírica, dada, “observable”, sino como un sistema conceptual mediante el cual se estructura y analiza lo social, es decir, como una construcción que supone un principio de clasificación de lo real sin el cual el sujeto (el investigador, el lego, etc.) no podría dar cuenta de “la sociedad”.
2 Si uno construye o entiende el espacio social desde la perspectiva marxista
3 La noción de sistema abierto que aquí se utiliza está basada fundamentalmente en Laclau (19??) y Buenfil (1990 a la fecha), sin embargo encuentro grandes coincidencias con la noción de sistema abierto desarrollada por Piaget-García (en epistemología) y por Ilya Prigogine (en termodinámica de “sistemas disipativos” o teoría del caos).
4 Siguiendo el esquema Piagetiano para explicar la dinámica de las estructuras cognitivas (entendidas como sistemas abiertos), podrían establecerse las siguientes equivalencias funcionales con el esquema lacaniano de lo simbólico, lo imaginario y lo real: el funcionamiento regular, “normal”, del sistema cognitivo, la estructuración, equivale a lo simbólico (momento de estabilidad); la desestructuración producida por una perturbación, equivale a lo real (momento de desarticulación-caos); la construcción de un nuevo esquema cognitivo, que permite la reestructuración del sistema, equivale a lo imaginario (elemento que se constituye en el horizonte de una nueva estabilidad, nueva adaptación que permite el retorno a la “normalidad”). Aclaro que no intento asimilar como idénticos los conceptos de Piaget y los de Lacan, sólo se trata de una analogía que puede (al menos a mí) aclarar ese modelo teórico.
BIBLIOGRAFÍA
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De Ipola, Emilio (1982). Ideología y discurso populista. México, Folios.
Lacan, Jacques (1983). El seminario de Jacques Lacan. Libro 1. Barcelona, Paidós
Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal (1987). Hegemonía y estrategia socialista. México, Siglo XXI.
Laplanche, Jean y Pontalis, J. B. (1983). Diccionario de psicoanálisis. Barcelona, Labor.
Rifflet-Lemaire, Anika (1976). Lacan. Buenos Aires, Editorial Sudamericana.
Žižek, Slavoj (1989). The Sublime object of Ideology. London, Verso.
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